A cuatro años de la sucesión presidencial de 2030, la política mexicana ya no se mide únicamente por quién suma más simpatías, sino por quién arrastra menos antipatías. El reciente estudio de GobernArte, titulado “Prospectiva 2030: Niveles de Rechazo”, revela una verdad incómoda para varios aspirantes: el “voto de rechazo” podría convertirse en el verdadero filtro que defina la viabilidad de una candidatura.
El dato más contundente es el 60.4% de rechazo que ostenta Andrés Manuel López Beltrán. Ser heredero de un movimiento tan vasto como el lopezobradorismo es un arma de doble filo: mientras que para algunos representa continuidad, para la mayoría de los 500 encuestados parece constituir una frontera infranqueable. Superar una barrera negativa de tal magnitud —que incluso supera el 55.8% del priista Alejandro “Alito” Moreno o el 50.3% de la panista Lilly Téllez— coloca a López Beltrán ante un escenario de resistencia política considerable.
El verdadero interés del análisis, sin embargo, radica en quienes parecen haber descifrado el código de la aceptabilidad: Marcelo Ebrard y Omar García Harfuch.
Con apenas 23.2% de rechazo, Marcelo Ebrard se posiciona como la figura con el mayor margen de crecimiento. Su resiliencia política es notable: tras décadas en la primera línea, continúa siendo el perfil que menos anticuerpos genera. De cara a 2030, Ebrard podría consolidarse como la opción de orden y experiencia, capturando a ese electorado que busca resultados sin la polarización extrema que castiga a figuras como Ricardo Anaya (46.8%) o Gerardo Fernández Noroña (41.1%).
Por su parte, Omar García Harfuch, con 25.5% de rechazo, confirma que su perfil de gestor de seguridad tiene un eco positivo que trasciende ideologías. Mientras otros cuadros de Morena como Ricardo Monreal (42.6%) o Luisa María Alcalde (39.6%) enfrentan resistencias que rozan la mitad del electorado, Harfuch mantiene un margen de maniobra envidiable.
El futuro político de ambos sugiere una posible transición hacia un modelo más técnico y menos ideologizado. Si la tendencia de la encuesta —realizada del 6 al 11 de enero con el software de IA “Odiseo”— se mantiene, 2030 no será para los más ruidosos, sino para aquellos que, como Ebrard y Harfuch, han logrado transitar el fango político sin mancharse lo suficiente como para ser rechazados por la mayoría.
En un México que parece agotado por la confrontación, el bajo rechazo de estos dos perfiles los coloca no solo como aspirantes, sino como posibles ejes de una nueva estabilidad política.

