La pintora jalisciense destaca como una de las figuras más influyentes del arte moderno en México, privilegió las pinturas con temática popular, la mayoría en acuarela, oleo y dibujo; distinguida por ser la primer mexicana en exhibir su obra en el extranjero en el Arts Center de Nueva York, lo que seguro causó la envidia de sus colegas que no apreciaban su obra.
La artista que nació en 1902 y falleció a los 53 años fue de las primeras en denunciar la exclusión de las mujeres en el ámbito artístico; un ejemplo fue cuando le quitaron el proyecto para realizar un mural en el Palacio del Ayuntamiento en la Ciudad de México, en 1945.
Los pintores Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros argumentaron que no tenía la «capacidad técnica» para la obra monumental, por lo que se las dieron a ellos.
Hablaban de cosas como que las mujeres ni siquiera podían subir a los templetes a pintar por sus faldas, de manera que ella desde entonces comentó “es un delito ser mujer y tener talento”.
Estuvo casada con el pintor oaxaqueño Rufino Tamayo tan solo por cuatro años (1929 y 1933), que era su maestro en la Academia San Carlos; juntos crearon un estudio artístico en un espacio que daba hacia la Plaza de Santo Domingo, en CDMX, desde donde enfatizaron su idea de dibujar el arte popular y el prehispánico, dando fuerza a colores terrosos y texturas de barro.
Tamayo rompió con ella y se casó con la pianista Olga Flores Rivas, por lo que las pinturas de María Izquierdo reflejaron su tristeza. Además acusó a Tamayo de unirse a Rivera, Siqueiros y Orozco de unirse a “los grandes” para darle la espalda.
En su momento María Izquierdo escribió las siguientes palabras:
Siempre ha sido mi propósito buscar en la técnica y en el estilo una personalidad distinta a la que tienen los demás pintores mexicanos. Me esfuerzo para que mi pintura refleje al México auténtico que siento y amo; huyo de caer en temas anecdóticos y pienso que en el mundo de la pintura, un cuadro es una ventana abierta a la imaginación humana…
Junto a esta posición estética poseo una verdadera pasión por el color; es lo que más me emociona de todas las cosas que existen. Con esos elementos, formas y colores de México, me propongo superar cada día más mis creaciones plásticas y tiendo, en cada cuadro, a perfeccionar mi técnica y a enaltecer mi estilo, dándole cada vez más importancia al paciente y laborioso acabado de un cuadro. Esa es mi religión artística. Yo no sé si lo he logrado, pero es mi ser propósito alcanzarlo.
Hoy en día, su obra es resguardada por particulares e instituciones como el Museo Nacional de Arte (MUNAL) de la CDMX y por el Metropolitan Museum of Art en Nueva York.

