El mundial del fútbol en Mexico llegó a México y con ellos cientos de hombres de todas las nacionalidades que se unen no sólo por la pasión futbolera, van tras los partidos de fútbol al igual que tras las mujeres que acompañan las caravanas mundialeras, si estoy hablando de la prostitución que acompaña a ese evento del mundial.
El balón vuelve a casa.
Y, con ello las complejidades que conlleva una horda de fanáticos tras un balón, que en los tiempos de entre partido y partido buscan saciar su hambre de carne.
Estoy en un buen restaurante en la Zona Rosa, soy la única mujer periodista sentada en una mesa sola y me rodean mesas llenas de hombres sin compañía femenina.
Las chicas que atienden son venezolanas todas entalladas en ropita petit cuando les preguntan de ¿dónde son? responden de Venezuela dónde están las mujeres más lindas.
Así, que heme aquí observando como la pelota vuelve a casa y con ella todo lo bueno y lo malo también.
Las chicas han ligado a unos turistas y los meseros sonríen con complicidad, han logrado clientes una vez más; la pelota vuelve a rodar.
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