La Ciudad de México no es víctima del problema nacional de corrupción. Es una de sus capitales. Mientras el gobierno de Clara Brugada presume obras, inaugura trenes y se fotografía junto a axolotes decorativos, el INEGI publicó en mayo la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 y los números para la capital son difíciles de ignorar.
Michoacán, Baja California y la Ciudad de México encabezan el ranking nacional de percepción de corrupción, con 89%. Es decir, casi nueve de cada diez capitalinos consideran que los actos de corrupción en su entidad son frecuentes o muy frecuentes. La cifra coloca a la ciudad junto a los estados históricamente más castigados por este fenómeno, lo cual no es un dato menor para una administración que llegó al poder con el combate a la corrupción como bandera.
La tasa de prevalencia confirma que no se trata solo de percepción. En la Ciudad de México, 17 mil 905 personas de cada 100 mil que tuvieron contacto con algún servidor público experimentaron al menos un acto de corrupción. El promedio nacional fue de 15 mil 642. La capital está por encima. Y la tasa de incidencia –es decir, los trámites específicos donde ocurrió un acto de corrupción–llegó a 38 mil 866 por cada 100 mil habitantes, frente a 27 mil 438 a nivel nacional. No es una diferencia menor: la Ciudad de México registra 41% más actos de corrupción por trámite que el resto del país.
El Instituto Mexicano para la Competitividad señala que el costo promedio de la corrupción por ciudadano alcanzó en 2025 su nivel más alto en diez años: 5 mil 431 pesos. Un aumento de 709 pesos respecto a 2023. Cada mordida, cada trámite empantanado, cada funcionario que cobra por hacer su trabajo tiene un precio que termina en el bolsillo de los ciudadanos, no del gobierno.
Pero la corrupción no es el único termómetro del fracaso. La encuesta del INEGI mide también la satisfacción con los servicios que el gobierno provee a lo largo y ancho de la Ciudad. Y aquí el panorama es igualmente revelador. Solo 45.5% de los capitalinos dijo estar satisfecho con los servicios que le brinda su gobierno local. La policía obtuvo 26% de satisfacción. Las calles y avenidas, 19.3%, el nivel más bajo de todos los servicios medidos. Y apenas 8.2% de los encuestados fue testigo alguna vez de la reparación inmediata de un bache o una coladera. El bache no es una metáfora del gobierno de Brugada. Es su retrato más fiel.
La encuesta del INEGI no mide gestiones ni discursos. Mide experiencias. Lo que los capitalinos viven cada vez que hacen un trámite, cada vez que llaman a la policía, cada vez que esquivan un hoyo en el asfalto. Y lo que registra para la Ciudad de México en 2025 es un gobierno que cobra más de lo que entrega, que promete más de lo que cumple, y que ocupa un lugar en el podio que ningún gobierno debería querer: el de las ciudades donde la corrupción es, simplemente, parte del paisaje.
POR LAS CALLES
Luego de lo publicado en este espacio sobre la intención de Marcelo Ebrard de regresar al Senado una vez concluida la renegociación del T-MEC, vale la pena considerar lo que dice alguien que conoce el oficio desde adentro. En una conferencia, Ildefonso Guajardo, ex secretario de Economía con Enrique Peña Nieto y él mismo negociador del tratado, fue directo: el problema con Marcelo no es su capacidad, sino sus tiempos. “Tú no puedes ser jefe negociador por México de un acuerdo y tener aspiraciones políticas de corto plazo”, dijo. Y remató con una advertencia que parece hecha a la medida: “Aquí no te deben de ganar las ganas, te debe de ganar la estrategia”. Guajardo sabe de lo que habla. Cuando Peña Nieto le ofreció irse como candidato a senador por Nuevo León en plena negociación, prefirió quedarse en la mesa. Ebrard, en cambio, según Guajardo, está viendo el T-MEC como una medalla para colgar en su campaña de 2030. Queda, sin embargo, una pregunta sin respuesta: ¿qué opinará el Secretario de Economía de estas palabras? Ebrard es un político astuto, con más experiencia negociadora que la mayoría de sus contemporáneos. Probablemente ya tiene una respuesta preparada. Lo que habrá que ver es si, cuando llegue el momento, le ganan las ganas o le gana la estrategia. De eso, precisamente, depende si llega a 2030 como el mejor posicionado o como alguien que cobró su medalla demasiado pronto.
X: @GarciaJJavier

