Tlatelolco, el espejo del gobierno de la Ciudad de México

Hace un año, Clara Brugada llegó a Tlatelolco con la pompa que suele acompañar los anuncios de este gobierno: mil 300 millones de pesos, cámaras de seguridad, luminarias nuevas, andadores rehabilitados y un nombre que buscaba sonar entrañable, “Ruta Tlatelolco mi Amor”. Doce meses después, el amor prometido se quedó, como casi todo en esta administración, en la fase de la fotografía inaugural.

El periódico Reforma –en una nota de Melisa Correa– documentó lo que cualquier vecino de la unidad puede confirmar con solo caminar por sus pasillos: ocho andadores y setenta pasillos rehabilitados, pintura que ya se descarapela, cables que sobresalen del piso y estacionamientos que de noche vuelven a la oscuridad. Un vecino lo resumió con una frase que debería avergonzar a cualquier funcionario responsable del proyecto: los trabajos fueron “pura fachada”, una intervención estética que no resuelve ni arregla nada de fondo.

Pero lo que cuentan los propios colonos de Tlatelolco va todavía más lejos que la nota. Las obras están paradas desde abril. La limpieza de las cisternas se ha cancelado tres veces. Las asambleas informativas y el grupo de chat con la comunidad se interrumpieron por completo, y la coordinadora del programa, Zazil Carreras, simplemente dejó de responder. La explicación que circula entre los vecinos es la más elemental de todas: no hay dinero. El resto, dicen, fueron promesas para sostener una campaña de Morena rumbo a la Alcaldía Cuauhtémoc.

El detalle técnico importa porque explica el resto de la historia. El nuevo cableado para las luminarias se instaló de forma aérea y en serie, en vez de subterránea, lo que facilitó el robo de cable y dejó tramos completos de la unidad sin luz pública. La autoridad lo admite a medias: dice que ha repuesto quinientos reflectores por los robos, pero no explica por qué eligió un método de instalación tan vulnerable en una unidad habitacional con más de cincuenta años de antigüedad y necesidades bien conocidas.

La negligencia dejó de ser una molestia estética hace tiempo. En el Centro Cultural y Artístico Ágora, la lluvia dejó al descubierto un charco que ocultaba cables expuestos de un poste dañado. Una perrita que cruzó por ahí recibió una descarga eléctrica frente a los vecinos que salieron a auxiliarla. El lugar es de paso diario para niñas, niños, adultos mayores y familias enteras. La próxima víctima de un cable expuesto bajo el agua no tiene por qué tener cuatro patas.

La limpieza de cisternas, que Reforma reportó como cancelada tres veces, tampoco ha corrido con mejor suerte cuando por fin se ha intentado. Van dos jornadas convocadas para lavar la cisterna 2 de la Segunda Sección y ninguna terminó el trabajo. Y las dos veces, cuando el equipo por fin se puso a trabajar, el dron con el que iban a hacer la limpieza se descompuso. Entre ambos intentos apenas sumaron cuatro horas de trabajo real.

SEGIAGUA es la responsable de mantener las cuatro cisternas de las que depende el agua potable de 10 mil 446 departamentos, además de escuelas, locales comerciales, las oficinas de la ex Torre de Banobras, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco de la UNAM y clínicas de la unidad, y hasta ahora ninguna ha sido intervenida. Quedan pendientes dos preguntas: ¿por qué la autoridad eligió para este trabajo a una empresa del Estado de México, con los retrasos de traslado que eso implica, acaso no hay proveedores en la Ciudad de México capaces de hacer el trabajo? ¿Qué sanción enfrentará la empresa por no cumplir con el trabajo?

Y como si la unidad necesitara todavía otra señal de alarma, el 20 de julio un incendio volvió a encender los grupos vecinales de la Primera Sección. Una persona en situación de calle prendió una fogata bajo el puente Nonoalco, en un punto donde desde horas antes se había reportado basura y materiales inflamables acumulados. Los vecinos ya lo habían avisado por la tarde. La chispa llegó de todas formas, y solo la rapidez de Protección Civil evitó que el fuego creciera. El episodio no fue una excepción sino la reiteración de un problema que la unidad arrastra desde hace meses: la ocupación de puentes, jardines y accesos por personas en situación de calle, sin que exista una política de atención que combine salud, vivienda y recuperación del espacio público.

Ahí está, en una sola unidad habitacional, el resumen exacto de cómo gobierna Clara Brugada: anuncios con cifras contundentes, ejecución cosmética, comunicación rota con la comunidad y una lista de riesgos que crece mientras la responsabilidad se disuelve entre contratistas, coordinadoras que ya no contestan y promesas que dependen del calendario electoral más que del calendario de obra. Tlatelolco no necesita un programa con nombre bonito. Necesita cableado subterráneo, mantenimiento real y una autoridad que no confunda visibilidad con resultados.

X: GarcíaJJavier

javiergarcia@tumanzana.press