El enemigo está adentro: las y los aferrados a las alcaldías de Morena

El 2027 empieza a jugarse hoy, y no en las boletas, sino en las encuestas internas que Morena aplica para decidir quién repite en las dieciséis alcaldías de la Ciudad de México. Ya está el mapa: hay alcaldes y alcaldesas que no van a ninguna parte, otros a los que se les da un plazo de gracia y unos pocos, los menos, que llegan blindados. El enemigo, como siempre en Morena, está adentro.

Empecemos por Álvaro Obregón. Javier López Casarín llegó ahí con el respaldo del grupo de Marcelo Ebrard, y ese fue, quizás, el origen de su fin político: no ha cumplido los acuerdos con quienes lo llevaron al cargo y tampoco ha construido una relación funcional con el gobierno central. Tiene todo en contra. Pero él, ajeno al diagnóstico que se hace de su gestión en los pasillos de Morena, cree que ha hecho un gran trabajo y que merece la reelección. El manejo administrativo de su alcaldía, por decirlo con cuidado, es dudoso. Es de los perfiles con menos posibilidades de repetir en 2027.

El caso de Xochimilco ya está resuelto. Es difícil imaginar que el PT pida conservar esa alcaldía después del pésimo desempeño de Circe Camacho, más allá de que el ex alcalde José Carlos Acosta se haya dedicado, con método, a obstaculizar su gestión. Ese sabotaje explica parte del desastre, pero no lo justifica entero: el trabajo, dicho sin adjetivos de más, ha sido malo.

En Azcapotzalco, Nancy Núñez recibió lo que nadie más va a recibir: una segunda oportunidad. Se dice que Brugada le dio tres meses para levantar en las encuestas, un plazo que hasta la oposición ve improbable de cumplir. Políticos contrarios a Morena reconocen que la alcaldesa tiene buenas intenciones, pero que está rodeada de un equipo ineficiente. Sea por omisión o por comisión, el resultado es el mismo: le va a costar mucho repetir. Y aquí conviene ser claros con quienes gobiernan mal y ya fantasean con su propio plazo de gracia: esa concesión se la dio Clara Brugada a Nancy Núñez por la amistad que las une, no por precedente. Los demás no van a gozar de esa posibilidad.

En Tlalpan, la mala gestión de Gabriela Osorio ha logrado algo poco común: unir en su contra a los diputados locales de esa demarcación en el Congreso de la Ciudad de México. “Así no se puede trabajar”, dicen los propios legisladores de su partido.

Iztapalapa es distinto. Ahí la jefa de gobierno quiere recuperar el territorio que gobernó antes de llegar al gobierno central, y la actual alcaldesa, Alaida Lavés, cometió el error de dejar que su esposo se convirtiera en el gran operador político de la demarcación. La consecuencia: la salida de varios liderazgos locales. Aun así, la reelección no está descartada. Todo depende de que pase el filtro de una encuesta con un piso de aceptación de entre cincuenta y cincuenta y cinco por ciento, y de que después sortee un segundo filtro.

El mismo mecanismo aplica en Gustavo A. Madero, donde Giancarlo Lozano parte con ventaja: todo indica que mantiene un control sólido de la demarcación. La duda no es tanto la encuesta como qué va a pasar con ciertos liderazgos internos, empezando por el de Víctor Hugo Lobo.

No todas las alcaldías están en disputa. En Tláhuac, la candidatura se quedará, con toda probabilidad, en manos del grupo que hoy la controla, el de Rigoberto Salgado. Lo mismo en Venustiano Carranza, terreno del grupo que encabeza Julio César Moreno. Iztacalco es distinto: ahí las dudas sobre la gestión de Lourdes Paz, que ha vivido en la demarcación solo unos años, ya no son dudas. La alcaldesa no le ha cumplido a quienes la apoyaron. La seguridad está mal, hay extorsión contra negocios, los servicios públicos no son los adecuados y la gente está inconforme. Los liderazgos locales también lo están: cuando la alcaldesa o alguno de sus funcionarios los atiende, el trato es pésimo. Es otra de las candidatas con pocas posibilidades de repetir.

El riesgo, visto en conjunto, no es menor. Morena puede repetir en 2027 lo que le pasó en 2021, cuando perdió nueve alcaldías, si no elige a las personas correctas en cada demarcación. Al interior del partido se reconoce, aunque nadie lo diga en público, que hay administraciones que no han hecho un trabajo adecuado, que gobiernan sin el pulso de lo que ocurre en la calle, que aparentan cercanía con la gente sin tenerla realmente, y en las que hay corrupción, incluso casos que ya se han ventilado en redes sociales. Todo eso se dice a sottovoce en los pasillos de Morena, pero ya se escucha en las calles, en los barrios, en los pueblos, en las unidades habitacionales. Afuera no hay filtros: la gente nombra, señala y exige. Adentro lo siguen susurrando con nombre y cargo; afuera, la gente ya lo grita.

A ese diagnóstico interno se suma un problema externo. El presidente nacional del PAN ha dicho que no irá en alianza con el PRI, pero una alianza de facto entre ambos partidos, ya sin el PRD como tercero, podría generarle a Morena problemas más serios de los que hoy se le atribuyen. Del lado del partido del sol azteca, todo indica que Morena ya busca acercarse a las dos facciones en que está dividido para sumarlas, de una forma u otra, a su coalición. Con el Partido Verde la relación se vuelve más incierta cada día: habrá que ver, en 2027, de qué tamaño es realmente su fuerza en la Ciudad de México. El PT, en cambio, seguirá siendo aliado y seguirá representando votos, pero no son votos de recibos, sobre todo en un escenario donde el PRI y el PAN empiezan a caminar juntos de facto.

Y es que las encuestas reales, las de a deveras, no las que circulan para en chats en redes sociales, tienen a Clara Brugada por debajo del 50% de aprobación, con momentos en los que ha llegado hasta 39%. Ese dato no es menor: explica el ánimo de una parte de la ciudad que ve que ni el gobierno central ni el de su alcaldía están haciendo bien su chamba, y que por eso ya volteó, desde hace rato, hacia la oposición.

Pero el problema no es solo de números ni de alianzas. Es de principios: la presidenta Claudia Sheinbaum no está de acuerdo con la reelección. Lo ha dicho antes, lo sostiene ahora, y no es un comentario menor. Es la líder máxima de Morena, y su rechazo a que los alcaldes busquen otro periodo pesa más que cualquier encuesta interna que maneje Clara Brugada. Los que hoy fantasean con repetir deberían leer el tablero completo: la jefa de gobierno puede tener sus filtros, sus plazos de gracia y sus cálculos locales, pero Sheinbaum tiene el partido. Y el partido, tarde o temprano, obedece.

La pregunta obligada es si quienes toman las decisiones van a respetar esas encuestas, presentadas como el criterio técnico y neutral para decidir quién repite o no, o si son en realidad el mismo instrumento de siempre: una forma más sofisticada de que el poder decida quién es el enemigo y quién el amigo.

Seguramente habrá quienes ya se repartieron el pastel pero están mal calificados, y con una mala decisión se pierde una alcaldía. Podrían ser más de las que hoy se imaginan.

X: GarcíaJJavier

javiergarcia@tumanzana.press