Amonestación pública. Es la sanción más leve del catálogo, el equivalente electoral a un regaño con acta. Eso fue lo que recibió Lourdes Paz del Tribunal Electoral de la Ciudad de México por dejar pintadas, durante al menos 164 días, las bardas que promocionaban su Primer Informe de Gobierno. Y aun así le sale barata, porque lo verdaderamente costoso, que era sostener su versión de los hechos, se le cayó solo.
Los datos, publicados por Reforma en una nota de Alejandro León, son simples. La alcaldesa rindió su informe el 7 de diciembre de 2025 y la publicidad debía retirarse el 12 de ese mes. El Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) documentó que la pinta seguía ahí el 25 de mayo de este año, en las colonias Campamento 2 de Octubre y Picos Iztacalco, con su nombre, el eslogan de la alcaldía y una leyenda que presumía más de 60 parques y espacios públicos rehabilitados. Por cierto, ¿serán 60 los parques que hay en esa demarcación? Hay áreas verdes y camellones, pero ¿60 parques? Un estudio elaborado con datos de la SEDEMA contabilizaba apenas 11 parques en Iztacalco en 2017, y la propia alcaldía habla de 615 áreas verdes sin precisar cuántas son parques.
Ahí empiezan las contradicciones. Ante las autoridades, Paz aseguró que ella contrató la pinta con recursos propios, a través de un hombre que le recomendó su chofer: Remigio Jiménez González. Después reconoció que no lo conocía, pero dijo que lo vio pintando una barda, aunque no tenía información que permitiera ubicarla. Es decir, contrató a alguien a quien no conocía y lo vio pintar una barda que no sabe dónde está.
Entonces habló el supuesto pintor. El 21 de agosto, Jiménez González envió un escrito a la Oficialía de Partes del IECM en el que negó haber realizado la pinta y subrayó que no conoce a la alcaldesa. Además, explicó que tiene 87 años, que desde hace cinco se encuentra en silla de ruedas y que no puede caminar ni desplazarse por sí mismo. Difícil imaginarlo con brocha y andamio recorriendo diez bardas. Alguien miente en esta historia, y ese alguien no es el hombre que ni siquiera puede moverse de su silla.
La prueba reina de la defensa no mejora el cuadro. La alcaldesa entregó una nota de remisión según la cual habría pagado 3 mil 500 pesos por pintar 10 bardas, es decir, 350 pesos por cada una. El ticket no tiene fecha ni datos de quién hizo el trabajo. Un comprobante que no comprueba nada, presentado para acreditar un pago a una persona que niega haber cobrado y que dice no conocer a quien lo habría contratado.
El Tribunal tampoco se tragó el cuento. Concluyó que Paz no aportó ningún documento donde se especificara el tiempo en que las pintas debían permanecer, ni una sola instrucción para borrarlas en el plazo que marca la norma. Su sentencia la describe como una servidora pública que consintió y toleró pasivamente la permanencia del mensaje, prolongando sus efectos fuera del margen de la ley, y por eso la señala como responsable directa de la infracción.
Vale la pena detenerse en el adjetivo: pasivamente. El Tribunal ni siquiera necesitó probar que la alcaldesa ordenó mantener las bardas; le bastó con que no hizo nada para quitarlas. Es la lectura más generosa posible del expediente y aun así no alcanzó para absolverla. Lo que sigue, si se contrasta la versión de la alcaldesa con la del hombre al que señaló, es una defensa que no resiste el primer cruce de datos.
No es la primera vez que las explicaciones de Iztacalco no empatan con los hechos. Cuando Reforma publicó en agosto el reparto de lonas con el rostro de la alcaldesa, la respuesta fue que servían para facilitar la comunicación entre colonos y autoridades y después que respondían a la necesidad de la ciudadanía ante las lluvias. Dos episodios, tres justificaciones, y ninguna se parece a lo que muestran las fotografías.
Y ahí está lo barato. Una amonestación pública no inhabilita, no multa, no borra una sola barda y no obliga a explicar quién pintó qué ni quién pagó qué. Cuesta lo que cuesta un titular de un día, mientras el expediente deja constancia de una defensa con un chofer que recomienda, un pintor de 87 años que no pinta y un ticket sin fecha. De cara a 2027, a la alcaldesa le sale más económico un regaño que una explicación.
Esa es la verdadera dimensión del asunto, porque se trata de una funcionaria que pretende volver a pedir la confianza de los vecinos. Quien contrata a alguien que no conoce, presenta como prueba un comprobante sin fecha, señala como responsable a un hombre que no puede levantarse de su silla y cambia de justificación cada vez que la evidencia la alcanza, no ofrece garantía alguna de que dirá la verdad ante quienes la eligieron. La confianza pública se construye con datos verificables, y en este expediente lo único verificable es que la versión de la alcaldesa no se sostiene.
A eso se suma el saldo de la administración. Las calles de Iztacalco siguen llenas de baches, la inseguridad no cede y los servicios públicos fallan, mientras el tiempo de trabajadores, las camionetas y el material impreso se destinan a promover el nombre y el rostro de la alcaldesa. Presumir más de 60 parques rehabilitados en una barda que debió borrarse en diciembre no sustituye resultados; solo confirma dónde están las prioridades. Una autoridad que gasta más energía en posicionarse que en gobernar y que además es sorprendida en contradicciones ante el Tribunal, no está en condiciones de pedir otro periodo.
Iztacalco merece una alcaldía que responda con hechos y no con lonas, ni con tickets sin fecha, ni con pintores que nunca pintaron. Quien ha demostrado que no se puede confiar en su palabra ni en su manejo de los recursos públicos no debería volver a encabezar la demarcación. Esa es la conclusión que se desprende del propio expediente.
La pregunta obligada es si los habitantes de Iztacalco están dispuestos a entregar otros tres años de gobierno a una alcaldesa cuya defensa no resistió ni el primer cruce de datos.
POR LAS CALLES… Interesante evento se realizará el próximo sábado en Coyoacán, donde tendrá lugar la toma de protesta de los comités seccionales del PRI en esa alcaldía. La organización corre a cargo del diputado local Omar García, del presidente del tricolor en la demarcación, Alán Alvarado, y del concejal Juan Carlos Vázquez. Se prevé la asistencia del dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, del presidente del partido en la Ciudad de México, Israel Betanzos, y del alcalde de Coyoacán, Giovanni Gutiérrez, cuya presencia no pasará inadvertida de cara a 2027. El priismo en Coyoacán, además, va tres pasos adelante de sus similares en otras alcaldías. ¿Será que ve un panorama positivo para el partido rumbo a las elecciones del próximo año o se trata de acomodar piezas con tiempo para llegar mejor posicionados a la negociación de candidaturas?
X: GarcíaJJavier

