Un estudio sin precedentes realizado por el Laboratorio Universitario de Geofísica Ambiental (LUGA) de la UNAM ha encendido las alarmas: el polvo que respiramos y tocamos dentro de nuestros hogares en México es significativamente más tóxico que el de ciudades en Europa y Estados Unidos.
Los científicos Francisco Bautista Zúñiga (CIGA) y Avtandil Gogichaishvili (Instituto de Geofísica) advirtieron que la Ciudad de México y Morelia presentan concentraciones críticas de metales pesados, superando en toxicidad a ciudades de España y Reino Unido por órdenes de magnitud.
Más peligro adentro que afuera
Contrario a lo que se pensaba, la investigación —publicada en la revista Indoor Air— halló que el interior de las viviendas puede ser más peligroso que la calle. Durante la pandemia, la mayor actividad doméstica (cocinar con gas y el desgaste de muebles) incrementó la presencia de contaminantes.
En la Ciudad de México, se registraron concentraciones alarmantes por kilogramo de polvo:
- Zinc: 1,221 mg (proveniente de plásticos y pinturas).
- Manganeso: 680 mg.
- Plomo: 213 mg.
- Cobre y Níquel: Con niveles superiores a los encontrados en el exterior.
El riesgo invisible: De los muebles al sistema endocrino
Los expertos explicaron que los metales pesados están “escondidos” en materiales cotidianos: el cadmio y arsénico se encuentran en barnices de madera; el antimonio surge del deterioro de plásticos y puede alterar el sistema hormonal (endocrino).
“Nuestro polvo es campeón mundial en toxicidad. El de la CDMX es tres veces más contaminante con respecto a varias ciudades del Reino Unido”, puntualizó Bautista Zúñiga.
Los más vulnerables son bebés, niñas y niños, debido a que su principal vía de exposición es el contacto dérmico (gatear y tocar superficies) y la ingesta accidental al llevarse las manos a la boca.

¿Cómo protegernos? Recomendaciones de la UNAM
Ante este panorama, los investigadores sugieren medidas estrictas de higiene y mantenimiento para reducir la exposición:
- Limpieza profunda. No basta con sacudir; se debe limpiar con énfasis superficies y cortinas (estas últimas son la “primera línea de defensa”).
- Mantenimiento del hogar. Evitar que la pintura de las paredes se descascare y mantener los muebles en buen estado, ya que el desgaste genera las partículas tóxicas.
- Higiene al entrar. Adoptar la costumbre de cambiarse los zapatos al ingresar a la casa para no arrastrar contaminantes del exterior.
- Barreras naturales. Colocar plantas en las ventanas, ya que funcionan como filtros que atrapan metales pesados.
Los investigadores pusieron a disposición del público el libro gratuito “Los metales pesados en ambientes urbanos” (2024), donde se detallan estas herramientas de diagnóstico para la sociedad civil el cual se puede encontrar en el siguiente enlace: https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/3861
