La movilidad urbana en México enfrenta un momento decisivo ante el avance acelerado de vehículos particulares y motocicletas, en medio de la falta de certidumbre, la desconexión entre la política pública y la operación, así como un modelo económico cada vez más debilitado, advirtió Jesús Padilla, presidente de Grupo CISA y fundador de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad (AMTM).
Se trata, dijo, de una problemática que rebasa a una ciudad o a un operador en particular, ya que responde a un fenómeno sistémico que requiere decisiones de fondo para evitar un mayor deterioro del servicio.
Uno de los factores que está reconfigurando la movilidad es el crecimiento exponencial del transporte privado, que además de restar usuarios al transporte público, agrava la congestión vial. En la Ciudad de México circulan actualmente alrededor de 6.4 millones de vehículos, lo que equivale a un automóvil por cada 1.4 habitantes.
Este escenario contrasta con la alta dependencia del transporte público, que concentra 15.5 millones de los 34.6 millones de viajes diarios en la capital, lo que evidencia su papel estratégico pese a la presión que enfrenta.
“El aumento del parque vehicular es una señal de que el transporte público no ha logrado consolidarse como la opción más confiable. Si no se corrige, vamos a seguir perdiendo usuarios y competitividad urbana”, advirtió.
A esta situación se suma la persistente brecha entre quienes diseñan las políticas públicas y quienes operan el servicio, lo que ha limitado la efectividad de las soluciones.
“Hay una distancia muy grande entre la teoría y la práctica. Quien no está en la operación no siempre entiende la complejidad del servicio. Esa brecha no se ha logrado cerrar”, señaló.
Asimismo, la falta de estabilidad en las reglas del sector, particularmente en materia de concesiones, genera incertidumbre y desincentiva la inversión en modernización.
“No puede ser que un gobierno invite a invertir y el siguiente cambie las reglas o expulse a los operadores. El transporte público requiere horizontes de largo plazo y certidumbre jurídica”, subrayó.
En paralelo, el sector enfrenta una presión creciente derivada de un modelo económico frágil, marcado por el desbalance entre tarifas, subsidios y costos operativos.
“El aumento en costos como combustible, mantenimiento y renovación de flota no está acompañado por tarifas adecuadas ni subsidios suficientes; así es muy difícil sostener el servicio en el tiempo”, explicó.
Sin una estrategia articulada desde el más alto nivel que integre a autoridades, operadores y especialistas, el problema difícilmente se resolverá, advirtió.
Estos y otros temas serán eje del 17° Congreso Internacional de Transporte, que se realizará los próximos 7, 8 y 9 de mayo en el Centro Cultural Jaime Torres Bodet del Instituto Politécnico Nacional.
El encuentro reunirá a autoridades, operadores y especialistas para abrir el diálogo sobre los retos estructurales del sector y construir propuestas concretas.
“Este Congreso no es solo reflexión, es una oportunidad para poner sobre la mesa los problemas reales y empezar a construir soluciones viables”, concluyó.

