Entre brochas, baches y caos

Otra vez vemos cómo a la jefa de Gobierno no le preocupa la movilidad de la CDMX.

Hoy hablaremos de los puentes morados y de los ajolotes que, de la noche a la mañana, llegaron a toda la ciudad.

Los barandales de los puentes peatonales, protecciones metálicas, postes, guarniciones, entre otros elementos, por Norma Oficial Mexicana deben utilizar colores estandarizados por seguridad vial. Los colores pueden ser amarillo, blanco, verde, azul o rojo y, exacto, el morado no viene en esa lista.

El amarillo es el color que diversos manuales técnicos de movilidad urbana y de protección civil, retomando criterios internacionales, mencionan como el de mayor visibilidad para advertencias y obstáculos. Es decir, es más fácil para las personas identificar este color.

No se trata de si nos gusta o no el color; es un tema de seguridad, pero es algo que la jefa de Gobierno no entiende. Este problema de colores ya lo vimos cuando decidieron arbitrariamente cambiar los uniformes de los trabajadores de limpieza de la Ciudad de México, que pasaron de un amarillo fosforescente a un guinda que los deja en estado de indefensión durante las noches por la baja visibilidad.

A esto se suma que, en muchos cruces de la ciudad aparecieron mandalas gigantes que, si los observas bien, son el dibujo de uno de nuestros animales endémicos, el ajolote. Mientras tanto, ejes viales y calles llevan meses sin señalización adecuada de carriles. En lugar de balizar correctamente las vialidades, decidieron gastar pintura en dibujos mientras peatones, ciclistas, usuarios del transporte público y automovilistas tienen que ir adivinando cuál es su espacio en la vía

El problema no es el ajolote ni el color morado. El problema es que el dinero invertido en esta “manita de gato” para pintar la Ciudad de México pudo destinarse a obras que realmente ayudaran a mejorar la movilidad de los capitalinos, y no a un gasto banal que, con suerte, durará unos cuantos meses.

Incluso, esos recursos podrían invertirse en la recuperación y conservación del hábitat natural del ajolote. La protección de los canales y humedales de Xochimilco debería ser prioritaria; eso sí demostraría un verdadero compromiso del gobierno capitalino con este emblemático animal.

Hoy los capitalinos necesitamos que nuestros gobernantes se preocupen por lo que realmente nos afecta, la inseguridad que se vive, tapar los baches, mejorar la infraestructura hídrica de la ciudad e invertir en mantenimiento real al Metro de la Ciudad de México, por mencionar solo algunos de los problemas de nuestra bella y caótica ciudad.

En conclusión, la pintura no resuelve los problemas que vivimos día a día los capitalinos, ni nuestro querido ajolote nos ayuda a llegar seguros y rápido a nuestros hogares. Lo que sí resolvería muchos de nuestros problemas sería invertir en mantenimiento de infraestructura y apostar por la planeación, no por la improvisación de parte de nuestras autoridades.