Uno de los problemas de Clara se llama Tomás Pliego

Tiene un perfil que no admite pretextos. Su trayectoria en la Ciudad de México incluye cargos como subdelegado territorial, director general de Desarrollo Social en la alcaldía Cuauhtémoc, diputado en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, delegado nacional de Morena en Guanajuato, Coahuila y Durango, titular de la Coordinación General del Gabinete de Seguridad Ciudadana y Procuración de Justicia durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, y presidente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en la capital. Con ese historial, lo que hoy ocurre en su área no se explica por falta de experiencia.

Con ese currículo, Tomás Pliego llegó hace año y medio a la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana del gobierno de Clara Brugada. Y con esa trayectoria declaró la semana pasada en entrevista con El Sol de México que la participación ciudadana en la elección de las comisiones de Participación Comunitaria es prácticamente nula, con una abstención de entre 95 y 96 por ciento.

Apenas se dio cuenta de algo que no es nuevo ni oculto. Es una realidad documentada desde hace años. Que Pliego la descubra ahora, no habla del problema. Habla de quien lleva año y medio sin verlo, o sin querer verlo.

Lo que hace más grave el asunto es que promover esa participación no es una opción para él. Es una obligación legal. El artículo 27 Bis de la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo local faculta expresamente a su secretaría para promover la participación ciudadana y fortalecer la organización comunitaria. El artículo 25 de la Constitución de la Ciudad de México establece que las autoridades deben garantizarla y promoverla. Los artículos 4, 5 y 6 de la Ley de Participación Ciudadana extienden esa obligación a todas las dependencias. Pliego incumplió un mandato que está escrito en tres ordenamientos distintos.

La respuesta que ofrece tampoco ayuda. Anuncia una reforma a la Ley de Participación Ciudadana para finales de 2026 o principios de 2027, sin precisar qué va a cambiar ni por qué. Para ese entonces tendrá más de dos años en el cargo. Pero hay una pregunta que Pliego tendría que responder antes de hablar de reformas: si ya tenía las facultades legales para actuar, ¿por qué no lo hizo?

La respuesta, lamentablemente, la conocemos. Pliego ha estado haciendo política, y haciéndola mal. Es el aprendiz de brujo que quiere mover las piezas del tablero sin dominar las reglas del juego. Lo que ocurrió en Tlatelolco en marzo pasado lo ilustra con precisión: una asamblea informativa sobre el proyecto “Ruta, Tlatelolco mi Amor” terminó con un micrófono apagado antes de que tomara la palabra Irving Osvaldo López Velázquez, coordinador territorial invitado por los propios vecinos. La razón no era técnica. Era política. López Velázquez representa a la Alcaldía Cuauhtémoc, encabezada por Alessandra Rojo de la Vega, y Pliego decidió que esa noche la comunidad de Tlatelolco no merecía escuchar a alguien que no era de su agrado.

Un funcionario que cancela la participación ciudadana cuando le resulta incómoda no puede ser el mismo que luego la reforme. Si ya dio muestras de intolerancia frente a una asamblea de vecinos, ¿con qué autoridad moral va a encabezar el proceso de construir una nueva Ley de Participación Ciudadana?

El problema para Clara Brugada es que Pliego no opera en el vacío. Cada vez que se conduce así genera un costo político que ella termina pagando. Un secretario que llega tarde a los diagnósticos, que incumple sus obligaciones legales, que anuncia reformas sin contenido y que apaga micrófonos cuando la conversación le incomoda no es el funcionario que necesita un gobierno con tanto por construir. Con Pliego haciendo política a su manera, esa tarea se complica en cada asamblea, en cada reforma anunciada sin respaldo y en cada ley que debió aplicarse y no se aplicó.

La participación ciudadana no se decreta ni se reforma en el papel. Se construye con presencia, con escucha y con funcionarios que entiendan que su trabajo es ampliar la conversación, no cerrarla. Mientras Tomás Pliego siga al frente de esa secretaría, Clara Brugada tendrá un problema que lleva el nombre de su propia dependencia.

X. @GarciaJJavier