Jesús Sesma no es un aliado menor. Es el presidente de la Mesa Directiva del Congreso de la Ciudad de México y el dirigente del PVEM en la capital. Y esta semana decidió hablar claro: su partido puede ganar solo en Álvaro Obregón, en Gustavo A. Madero, en Iztacalco, en Iztapalapa, en Milpa Alta, en Tláhuac y Tlalpan. Que están listos para ir sin Morena y sin PT. Que no se enteran de las reformas ni de las políticas públicas del gobierno capitalino por los canales institucionales, sino por las noticias. No es un reclamo menor. Tampoco es nuevo.
El 30 de octubre de 2023, Sesma ya había encendido una luz de alarma: si Omar García Harfuch no era el candidato a la Jefatura de Gobierno, la alianza con Morena peligraba. El PVEM quería al exjefe de la policía capitalina, no a una segunda opción impuesta por la paridad de género. La segunda opción era Clara Brugada. Y Clara fue candidata. Y ganó. Sesma, al final, se alineó. Ese round lo perdió el Verde. Pero Sesma no olvidó.
Ahora el contexto es diferente. El proceso electoral de 2027 lleva meses cocinándose en la agenda interna de los partidos, aunque formalmente apenas arranca. Y en ese clima, las declaraciones de Sesma no son una rabieta: son un posicionamiento. Le está diciendo a Brugada –y a Morena– cuánto cuesta su alianza y en qué condiciones está dispuesto a renovarla.
El timing no es casual. Luisa María Alcalde acaba de pagar un precio político muy alto, en parte, por su incapacidad para mantener una buena relación con los aliados. La relación tensa con el PT y el PVEM fue uno de los argumentos que circularon cuando su gestión al frente de Morena empezó a hacer agua. Brugada lo sabe.
Y por eso, un día después de que se ventilara el distanciamiento en una entrevista que Sesma concedió a Milenio, la jefa de Gobierno, durante un evento en Coyoacán, le propuso, en público, organizar una reunión con todos los coordinadores parlamentarios. Por cierto, esa reunión debería ser con la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) del Congreso de la Ciudad de México. La rapidez de la respuesta lo dice todo.
No fue una convocatoria planificada. Fue una reacción. Brugada puso “las barbas a remojar” porque vio lo que le pasó a Alcalde y no quiere repetir el episodio. El problema es que una reunión convocada bajo presión mediática no resuelve el fondo: el PVEM lleva meses sintiéndose un aliado de segunda, consultado solo en época de elecciones y ninguneado el resto del tiempo.
Sesma lo dijo con todas sus letras: “Yo no quiero ser un aliado nada más electoral”. Es una frase que debería incomodar en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, en el Zócalo. Porque si el Verde decide en 2027 competir por su cuenta en el oriente de la ciudad, las cuentas electorales de Morena en esas alcaldías se podrían complicar de manera considerable.
Clara Brugada tiene tiempo de recomponer. Pero la reunión que propuso no alcanza. Lo que Sesma está pidiendo no es una foto: es una silla en la mesa donde se toman las decisiones.

