Andy, el orgullo de su cuasi nepotismo

Hace apenas ocho meses, Andy López Beltrán juraba amor eterno a esta ciudad. “Yo y mi familia seremos tabasqueños de nacimiento, pero nos consideramos chilangos por adopción y por convicción”, dijo en diciembre de 2024, con esa solemnidad que solo adquiere quien sabe que las cámaras lo están grabando. Prometió dedicar su vida a devolverle a la Ciudad de México todo lo que ella le había dado. Sonaba a declaración de intenciones. Sonaba, sobre todo, a quien se prepara para quedarse.

Hoy, Andy ya no es chilango ni por adopción ni por convicción. Es aspirante a diputado federal por el distrito 06 de Tabasco, recorriendo casa por casa las 170 secciones electorales de una geografía que no es la suya, en busca de una curul que muchos en Morena ven no como un destino, sino como un trampolín hacia la gubernatura de 2030. Primero dijo una cosa. Ahora hace otra. Y nadie en su partido se atreve a señalarlo con la contundencia que el caso amerita.

Pero el problema no es solo el giro geográfico. Es que Andy nunca estuvo realmente al margen, a pesar de que ahora quiera vender esa fantasía.

El 22 de septiembre de 2024 fue nombrado secretario de Organización Nacional en el Congreso Nacional Extraordinario de Morena, cargo que asumió formalmente el 1 de octubre, el mismo día en que Sheinbaum tomó posesión. Pero antes de eso, ya operaba. Desde fuera del gabinete, con funciones informales de operación territorial, enlace con redes de jóvenes y estructuración de bases partidistas. Era, en la práctica, un factor de poder real dentro del movimiento, aunque sin firma en el nombramiento oficial.

Y no solo dentro del partido. Diversas investigaciones periodísticas lo señalaron como operador en la asignación de obras y cercano a empresarios contratistas del gobierno. Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentó en su investigación “La red de Andy”, cómo un grupo de amigos del hijo del expresidente se vio beneficiado con negocios millonarios en proyectos emblema como la refinería de Dos Bocas, el Malecón de Villahermosa, el INSABI y Segalmex. Él y su padre rechazaron las acusaciones, asegurando ser víctimas de una campaña de difamación. Pero las investigaciones están ahí, documentadas, mientras él seguía sin dar la cara en la política electoral.

Hasta ahora. En una entrevista reciente, Andy reveló el pacto con su padre: “Yo llevo más de 15 años haciendo política. Tenía un acuerdo con Andrés Manuel López Obrador acerca de que yo no iba a participar en política el tiempo que él estuviera en activo. Él se encuentra en total retiro de la política desde más de un año y medio. Es la primera elección o el primer proceso electoral después del retiro de la política y por eso decidí participar”. Dice que le avisó, que no consultó formalmente, pero que AMLO “está más que de acuerdo y lo hizo muy feliz”.

Y aquí viene lo jugoso. En esa misma entrevista, con una sinceridad que roza la ingenuidad política, admite: “Moral, éticamente no era correcto, porque eso me hubiera dado una ventaja que ahora pues puedo tener por llevar su nombre, por llevar su apellido, pero en realidad ahora estoy contendiendo en igualdad de condición con los demás”.

¿En igualdad de condiciones? Es el único aspirante de Morena que ha levantado la mano por el distrito 06 de Tabasco. No hay contienda interna. No hay piso parejo. Hay un apellido que limpia el camino.

Pero hay más. En esa misma entrevista dice que va a “iniciar” su carrera política en Tabasco. ¿Iniciar? Acababa de decir que lleva más de 15 años haciendo política. ¿O es que esos 15 años no cuentan porque eran de sombra, de operador, de influyente sin cargo? ¿La política solo cuenta cuando hay boleta?

Y si hablamos de dar la cara, hablemos de lo que hizo cuando no había candidatura de por medio. Cuando aún era secretario de Organización y el país lo observaba, prefirió irse a Japón a darse la gran vida. En agosto de 2025, hasta medios como el Financial Times reportaron sus vacaciones de lujo en un hotel cinco estrellas, con suite que ronda los 57 mil pesos mexicanos la noche. Él mismo denunció que “mandaron a espiarlo a Japón”. No andaba en recorridos casa por casa. No llevaba el periódico Regeneración a ningún lado. Andaba en un hotel de lujo en Tokio.

Ahora, que ya quiere la diputación, sí recorre casas. El pasado 2 de agosto confirmó el arranque de su gira por el Distrito 6 Federal de Tabasco. El objetivo: visitar las 170 secciones electorales. “Lo haremos siempre como nos enseñaron: desde abajo, casa por casa, con humildad y en contacto directo con el pueblo”, escribió en redes.

Humildad. Esa palabra que usa quien se la pasa en hoteles de 57 mil pesos la noche en Tokio mientras militantes de a pie sudan el distrito bajo el sol tabasqueño.

Y tiene el descaro de negar que sean actos anticipados de campaña. “Aprovecho para aclarar a nuestros malquerientes, que nuestras visitas domiciliarias no tienen otro objetivo más que informar a la ciudadanía… llevando nuestro periódico Regeneración como nos enseñó Andrés Manuel López Obrador”, dijo en un video.

No todos le creen: Movimiento Ciudadano ya presentó una denuncia ante la Unidad Técnica de lo Contencioso Electoral del INE por presuntos actos anticipados de campaña. Andy, por supuesto, rechazó las acusaciones. Pero la denuncia está ahí, y las imágenes de sus recorridos, con la estructura de Morena a sus espaldas, hablan más que sus palabras.

Qué curioso. Ahora sí sabe que los políticos deben dar la cara. Cuando había que darla desde la dirigencia de Morena, prefirió el anonimato operativo y los hoteles de Tokio. Cuando había que darla en Durango, su candidato quedó en tercer lugar con el 19% de los votos. Cuando había que darla en Coahuila, renunció a la dirigencia días antes de la elección para “ahorrarse el escarnio público”.

El País publicó que fuentes al interior de Morena aseguran que “nunca se le ha dejado de ver como el hijo de Andrés Manuel jugando a hacer política”. Su ascenso se sustentó “principalmente por el peso de su apellido y por la influencia heredada del expresidente”. Careció de estructura interna, de colmillo político, de liderazgo propio.

Y aquí es donde se pone interesante. Seguramente Andy buscará un lugar de influencia, con poder de decisión, dentro de la fracción parlamentaria de Morena, pero no sabe bien a bien cómo se opera en San Lázaro. Ocho meses recorriendo casas no enseñan a leer el tablero legislativo, negociar en comisiones o mover votos en el pleno. Su padre, arquitecto de estructuras, seguramente le pondrá operadores de su entera confianza para que aprenda las mañas del oficio.

Pero Andy también querrá lo suyo: algunos de su círculo más inmediato, no heredado. ¿Alguien se atrevería a dar nombres?

Hay militantes en el distrito 06 de Tabasco, en esa entidad, en todo el país, que han hecho trabajo territorial durante años. Que conocen cada colonia, cada conflicto, cada necesidad. Que se han ganado a pulso el derecho a contender. Pero se la van a dar a Andy. No por mérito. No por trayectoria. Solo porque es el hijo de AMLO.

Primero dijo que sería chilango. Luego huyó a Tabasco. Primero dijo que organizaría al partido. Luego dejó dos derrotas y una renuncia anticipada. Primero dijo que se mantuvo al margen por ética. Ahora admite que el apellido le da ventaja, pero asegura que contiende en igualdad de condiciones. Primero dijo que llevaba 15 años en política. Ahora dice que va a “iniciar” su carrera. Primero dijo que solo visitaba casas para informar. Ahora tiene una denuncia ante el INE por actos anticipados de campaña.

La pregunta obligada, entonces, no es para Andy. Él ya respondió con sus actos, sus contradicciones, sus viajes a Japón y sus recorridos con denuncia incluida. La pregunta es para quien construyó un movimiento en nombre de la transformación, de la honestidad, de la democracia participativa. ¿Esa es la democracia que impulsa Andrés Manuel López Obrador? ¿Una donde el mérito no importa, donde el territorio es fungible, donde el apellido abre puertas que el trabajo no puede, donde se premia al que estuvo 15 años en la sombra y ahora quiere el sol sin haber sudado la camiseta?

No cabe duda: el priísmo nunca se fue. Solo cambió de apellido.

X: GarcíaJJavier

javiergarcia@tumanzana.press