Del chimoltrufio al hiperchimoltrufio: Romero se supera a sí mismo

Hace apenas unos días, en esta misma columna, documentábamos cómo Jorge Romero Herrera abría la puerta a las alianzas en el micrófono y la cerraba con candado en un boletín. Como la Chimoltrufia, dice una cosa y luego dice otra. Ahora, en la plenaria de senadores, el presidente del PAN ha superado al personaje de Chespirito: ya no es chimoltrufio, es hiperchimoltrufio. Porque si antes contradecía sus palabras por escrito, ahora contradice la realidad misma con un discurso que suena más a excusa de facultad que a estrategia de campaña.

Romero habló de “hiperanálisis local”, de “hipertrascendencia” y de “macro hiperrefrendo” para explicar por qué, en septiembre de un año electoral, el PAN todavía no sabe qué hará en la mitad del país. Insiste en que “una realidad local no se va a imponer a 800 kilómetros de otra realidad local”, como si la geografía fuera el obstáculo y no la incapacidad de su propia dirigencia para tomar decisiones. Y luego, para no dejar dudas de que la confusión es total, aclaró que “no por imposición, no por afanes dictatoriales”, la decisión final será de los órganos nacionales. Es decir: quiere que parezca federalismo cuando conviene, pero centralismo cuando asusta.

El problema no es que Romero hable en abstracto. El problema es que, mientras él teje estas frases, los hechos ya se le adelantaron por la izquierda, como documentamos la semana antepasada. En Nuevo León, la alianza PAN-PRI está prácticamente sellada con Adrián de la Garza; en Sinaloa, la diputada priista Paola Gárate ya se registró en la plataforma panista sin renunciar a su militancia. En Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega gobierna con un bloque de facto entre panistas y priistas que no necesita formalización para funcionar. La realidad local, esa que Romero dice que no se impondrá, ya se impuso. Y él, todavía pide tiempo para hacer un “hiperanálisis” de lo que sus propios cuadros resolvieron hace meses.

La contradicción es evidente. Por un lado, promete que “el narco gobierno de Morena se llevará la sorpresa de su vida” y vaticina retener Aguascalientes, Querétaro y Chihuahua, además de proyectar amplias posibilidades de triunfo en Baja California Sur, San Luis Potosí, Zacatecas y Colima. Por el otro, admite que todavía no define candidatos, que apenas promete escuchar a las dirigencias estatales y que los nombres de los “coordinadores de la Patria, la Familia y la Libertad” saldrán “a finales de septiembre, octubre y noviembre”. La única entidad donde presume una conversación concreta es Chihuahua, sobre la que dijo: “vamos a hacer lo que tengamos que hacer para ganar Chihuahua”. Traducción: el PAN no tiene estructura desplegada, no tiene narrativa clara y, lo que es peor, no tiene la dignidad de admitir que va tarde. Prefiere envolver el retraso en palabras compuestas.

Y mientras tanto, Morena ya tiene maquinaria federal funcionando como comité de campaña permanente, ya tiene recursos canalizados y ya tiene candidatos que, aunque no sean oficiales, recorren el territorio. “Tenemos tiempo”, dijo Romero. No, señor: no lo tiene. En política, quien no define a tiempo, se lo define el rival. Y si el rival es Morena, el que no define pierde el tiempo primero y el partido después.

Lo más grave no es el retraso administrativo. Es que Romero dejó fuera del discurso a dos estados donde las pláticas de la alianza ya están en fase terminal. Sinaloa y Nuevo León no aparecieron en su lista de posibilidades, ni en su lista de retenciones, ni en su mapa de fortalecimiento. Y sin embargo, ahí es donde la oposición tiene hoy sus mejores cartas. Omitirlos no es prudencia, es desconexión. O es miedo a reconocer que, en los hechos, la dirigencia nacional ya perdió el control de la agenda y las dirigencias locales la tomaron por asalto.

Dentro del panismo, la fractura es evidente. Unos le exigen alianzas para no morir en el intento; otros las rechazan a gritos. Y Romero, en lugar de dirimir, se esconde detrás de los estatutos. “Es normatividad estatutaria desde mucho antes que yo asumiera”, dijo, como si los estatutos fueran un amuleto contra la responsabilidad política. Los estatutos no ganan elecciones, señor presidente: las ganan los candidatos, las estructuras y las decisiones tomadas a tiempo. Y eso, en el PAN de hoy, brilla por su ausencia.

El “hiperanálisis” de Romero no es profundidad, es parálisis. La “hipertrascendencia” no es visión de Estado, es miedo a la militancia. Y el “macro hiperrefrendo” no es unidad: es eufemismo para no decir que no pueden ponerse de acuerdo ni entre ellos. El PAN tiene unos meses para demostrar que no es un partido de museo. Pero si sigue a este ritmo, para cuando decidan qué hacer, Morena ya habrá decidido por ellos. Y entonces sí, se llevarán la sorpresa de su vida: la de descubrir que el 2027 no se gana con prefijos. Ni “hiper”, ni “macro”, ni ninguno.

POR LAS CALLES… Entre panistas caló fuerte la presencia de Enrique Vargas del Villar, senador por el Estado de México y vicecoordinador del PAN en el Senado, quien publicó en sus redes sociales: “Desde Ixtapaluca, acompañando a mi amigo Pedro Haces, en la Toma de Protesta de Manolo Martínez Castillo del Sindicato México Nuevo y Manolo Martínez Sánchez del SATERM. La ex senadora de Acción Nacional, Adriana Dávila, publicó en sus redes sociales: “Lo advertí con los Yunes, lo reitero con Enrique Vargas en el Estado de México, el problema no es si vamos en alianza o no, es la falta de compromiso con este país de quienes no entienden su papel en la oposición y su responsabilidad con México”. Por cierto, la tlaxcalteca renunció hace unos días a la Comisión Permanente del Consejo Nacional de Acción Nacional. En una entrevista señaló: “Acabo de presentar mi renuncia a la Comisión Permanente del CEN, pero no dejo de ser panista. Renuncio porque los cargos deben servir para hacer algo, no para presumirlos. Luego de dos años sin poder discutir temas importantes y con una institución cada vez más mermada, sigo creyendo que el PAN debe ser una oposición de verdad”… Mal le fue a la alcaldesa de Iztacalco, Lourdes Paz, durante el informe legislativo de Francisco Sánchez, diputado federal por el Distrito 13, que abarca toda la demarcación. Al presentar a su representante, Óscar Gutiérrez, director general de Gobierno y Seguridad Ciudadana, la gente empezó a chiflar y gritar lo cual no permitió que diera su mensaje. La ciudadanía manifestó su inconformidad por la mala administración de la veracruzana, algo que dejó de ser un secreto a voces y por ello se considera a esa alcaldía en riesgo para Morena.