Andrés Manuel López Obrador dice que cerró su ciclo. Que está jubilado de la política, feliz en “la quinta la Chingada”, en Palenque, y que decidió cortar de tajo porque no quiso ser “cacique ni caudillo ni jefe máximo ni poder detrás del trono”.
Lo dijo en el video con el que presentó su nuevo libro, “Pueblo”. Lo que siguió fue una hora con 20 minutos de expresidente en funciones: historia patria, balance de gobierno, ajuste de cuentas con la prensa y un giro de discurso sobre la clase media, la misma a la que en 2021 reprochó ser más vulnerable a la campaña de los medios.
El momento no es menor. El video llega cuando un periódico de Estados Unidos señala que existen investigaciones contra su hijo Andy en ese país y cuando el socio de su hijo fue encontrado en Suiza. También llega cuando Morena vio salir a sus coordinadores estatales y se prepara para los aspirantes en los distritos federales. En la transcripción completa, ninguno de esos temas aparece. Hubo espacio para los olmecas, el drenaje de San Lorenzo y la decadencia estadounidense. De lo que ocurre en casa, nada.
Hay otro dato de contexto. López Obrador reaparece casi al mismo tiempo que Felipe Calderón, su archienemigo, participa en la cuarta edición del Foro América Libre. Ahí, el expresidente panista afirmó que México vuelve a un escenario similar al de la “dictadura perfecta”, con elecciones pero sin democracia real. Sostuvo que el gobierno actual ha construido un andamiaje para conservar el poder, al debilitar los contrapesos y eliminar un poder judicial independiente, y aseguró que el Estado ha sido cooptado por la violencia. Convocó a la ciudadanía a denunciar y elevar la voz frente al poder autoritario “cualquiera que sea el costo”. Esa crítica se dirige al gobierno que hoy encabeza Claudia Sheinbaum, y es ella quien tiene la batuta, también para responder. Que el expresidente vuelva al centro de la conversación en ese momento pudo ser casualidad. En política, pocas cosas lo son.
La crítica de fondo es sencilla. Una presentación de libro debía hablar del libro. Sin embargo, este tardó en aparecer y, cuando lo hizo, ocupó unos minutos al final: diez capítulos, del movimiento de independencia a la cuarta transformación, dedicado a Claudia Sheinbaum. Antes hubo un resumen de gobierno con el catálogo conocido: el Fobaproa, Fox, Calderón, los medios y los 14.4 millones de personas que, según él, salieron de la pobreza. El libro fue el pretexto.
El pasaje más delicado fue el de la corrupción. “Se acabó la corrupción, digan lo que digan”, afirmó. En la oración siguiente matizó que todavía hay, porque es “un proceso”. La frase se contradice sola, y los hechos terminan de desmentirla. Segalmex ocurrió en su administración. El huachicol fiscal es otro ejemplo que no admite el adjetivo de “acabada”. Entre sus cuatro frases está la de no robar y, de nuevo, la repitió con solemnidad. Una consigna no sustituye a un expediente.
Hay otra contradicción, más sutil. Dijo que a quien entregó el bastón de mando “ha resultado extraordinaria”, “la mejor presidenta del mundo, incluyendo hombres y mujeres”, y añadió que ya no está para hacerle la barba a nadie. Es difícil hallar una barba más peinada. Además, quien se retiró para no ser poder detrás del trono evalúa desde Palenque a quien ocupa el trono. Mientras tanto, a Sheinbaum le toca ordenar lo que quedó a medias, con las medicinas como el ejemplo más a la mano.
Lo más revelador llegó con la clase media. En 2021, López Obrador sostuvo que la campaña mediática en su contra tenía más efecto en la Ciudad de México que en el resto del país. “¿Saben dónde tiene más efecto la campaña en contra nuestra de todo el país? Aquí en la ciudad”, dijo entonces, y atribuyó el fenómeno al bombardeo constante de la prensa, la radio y la televisión nacionales. En esa misma ocasión describió a “un sector aspiracionista, aspirante a fifí, conservador”, que no comparte su manera de pensar y de ser. Ahora dice otra cosa. En el video presumió que por primera vez hay más personas en clase media que en pobreza y defendió sacar gente de la pobreza por humanismo, aunque algunos compañeros teman que el clasemediero, por “aspiracionista”, nunca vaya a querer la transformación. Hace cinco años, el aspiracionismo era un reproche. Hoy es un resultado que se presume.
Entre un discurso y otro hay seis años y una elección en puerta. La capital es la ciudad que la izquierda gobierna desde 1997 y que Morena necesita retener en 2027. Queda una explicación que ese discurso omitió: que la inconformidad de la capital no sea producto de la manipulación mediática, sino de hechos concretos como los problemas que persisten en el sector salud.
La prensa fue el otro blanco. Llamó neofascismo a la crítica, acusó a conductores y columnistas de ser voceros de la derecha y afirmó que uno de ellos gana de tres a cinco millones de pesos mensuales, sin ofrecer fuente alguna. El caso de Carmen Aristegui es el que mejor lo retrata. Muchos, dijo, pensaban que era “la paladina de la libertad” hasta que “se quitó la máscara y es una vocera de la derecha”. Mientras Aristegui criticó a los gobiernos del PRI y del PAN, todo estuvo bien. Cuando hizo lo mismo con Morena, dejó de estar bien. El criterio, entonces, no es la libertad de prensa sino hacia dónde apunta.
Ciclo cerrado, dijo. Pero un ciclo cerrado no se explica durante todo un video ni va acompañado de un ajuste de cuentas con periodistas señalados por su nombre. Tampoco se vive desde un rancho con un micrófono que sigue siendo de los más escuchados del país. Todo indica que el retiro tiene más de pretexto que de realidad.
La pregunta obligada: si el ciclo ya está cerrado y la corrupción ya se acabó, ¿por qué el expresidente sigue hablando como quien necesita defender ambas cosas?
Y una más, igual de pertinente: ¿qué hará Morena con una clase media a la que López Obrador reprochó en 2021 y celebra hoy, justo cuando necesita su voto en la capital en 2027?
POR LAS CALLES… La alcaldía Xochimilco, que encabeza Circe Camacho, quedó en el centro de la polémica por unas bolas decorativas instaladas en la avenida Guadalupe I. Ramírez. Una solicitud en la Plataforma Nacional de Transparencia arrojó que cada pieza costó 7 mil 550 pesos sin IVA, es decir, 8 mil 758 pesos con impuesto. Con las 295 estructuras que se contabilizaron en la vialidad, la cuenta asciende a 2 millones 583 mil 610 pesos. Tras las críticas, el robo de algunas piezas y su vandalización, la alcaldía decidió retirarlas. El gasto, de más de dos millones y medio de pesos, quedó sin utilidad mientras en la demarcación persisten necesidades que pudieron atenderse con ese dinero. El episodio da más argumentos a quienes se oponen a que la alcaldesa busque la reelección.
X: GarcíaJJavier

