Héctor Díaz Polanco lo dice sin titubear a Alejandro Lelo de Larrea para Magacín CDMX: no es el gran elector de Morena, “ni es algo que quisiera ser tampoco”. Y por si quedara duda de su desapego al oficio, remata con una confesión que en cualquier otro dirigente partidista sonaría casi a renuncia: “Yo soy un académico, no hay que olvidar eso… la política no la veo como algo que necesito colocar en algún carril que me permita la continuidad indefinida”.
Uno podría aplaudir la honestidad. También podría preguntarse qué hace un académico que no quiere estar en la política presidiendo, precisamente, Morena en la Ciudad de México, el partido más poderoso de la ciudad más disputada del país, justo en la antesala de la definición de candidaturas para 2027.
Ya lo habíamos anticipado en esta columna: el vacío de liderazgo en el partido en la CDMX no es una percepción pasajera, es un patrón. Díaz Polanco lo confirma ahora con su propio testimonio. Y como dijimos entonces, esto no niega su valor académico –23 libros y más de 250 trabajos respaldan esa faceta–, pero una cosa es reconocer al intelectual y otra distinta es que ese perfil alcance para dirigir un partido en plena disputa por 2027.
Se excusa de la política de “pugilato” –los debates, los medios, el choque público– como si estar ausente de la arena fuera una virtud filosófica y no, simplemente, ausencia. Y esa ausencia tiene un ángulo que él no menciona: no se le ha visto en el terreno donde más se necesita –el debate público, la respuesta a los ataques contra el gobierno de la ciudad– salvo en la foto protocolaria de algún evento de alcaldía.
Habla con solvencia del riesgo de que la derecha o la ultraderecha capitalicen el desgaste de los gobiernos de izquierda en América Latina, cita a Bolivia y Ecuador como advertencia, pero cuando le toca poner el cuerpo por la propia presidenta en su propia ciudad, el “académico” se retira a escribir libros.
Y luego está el mérito que se cuelga: la reorganización del partido, la actualización del padrón, los comités seccionales, los módulos militantes. Lo narra como la gran obra de su año y medio al frente. Pero la actualización del padrón vía aplicación electrónica no fue una ocurrencia de Díaz Polanco para el partido en la CDMX.
La afiliación arrancó en enero de 2025, cuando la presidenta nacional de Morena era Luisa María Alcalde y el secretario de Organización, Andrés Manuel López Beltrán. Es decir: presenta como hazaña de gestión propia lo que fue, en los hechos, acatar una instrucción que ya venía definida desde la dirigencia nacional.
La pregunta obligada es: si no es político, si no se le ve en los debates que importan y si su gran legado es haber cumplido una instrucción que ya venía definida desde arriba… ¿para qué está Héctor Díaz Polanco al frente de Morena capitalino? ¿Administra un trámite o custodia un cargo que, según él mismo, ni le interesa ni querría prolongar?
POR LAS CALLES… A once meses de las elecciones de junio 2027, una encuesta de GobernArte (1,500 personas, 8-12 julio) muestra que los dos nuevos partidos –Somos México y Partido PAZ– no logran convencer a la mayoría. El 45.3% no votaría por ninguno. Entre ambos, Somos México lidera con 28.1% frente al 13.5% de PAZ, pero el 38.5% prefiere “ninguno”. El dato más duro: el 38.5% considera que estos partidos no representan una opción real frente a los tradicionales. Solo el 28.1% cree que sí.

