En un video que César Cravioto, secretario de Gobierno de la Ciudad de México, subió ayer a TikTok, el secretario de Gobierno capitalino ofreció su diagnóstico del estado de ánimo de la ciudad: “alegría, gozo, celebración”. Según él, el Mundial demostró que “los mexicanos, los capitalinos, somos felices”, y que quienes hablaban de desastre, molestia o crimen “volvieron a fallar”. Cierra con una frase para enmarcar: “Que los amargados se queden con su amargura”.
Cravioto no miente del todo: hubo fiesta, hubo banderas, hubo capitalinos genuinamente contentos viendo partidos. El problema es que toma la alegría real de un evento deportivo y la estira hasta tapar, como una manta corta, el malestar de todo lo demás. Es una maniobra retórica vieja pero eficaz –convertir un fenómeno pasajero en prueba de que no hay nada que reclamar– y no sé si lo hace a propósito o si de plano vive instalado en esa ilusión. Ninguna de las dos opciones es aceptable en un secretario de Gobierno.
Porque mientras Cravioto grababa su video, la ciudad seguía siendo la misma: bastaba abrir una cámara para desmentirlo, sin necesidad de censura. Apenas antier, las lluvias de la tarde dejaron 21.2 millones de metros cúbicos de agua acumulada –el equivalente a siete veces la capacidad del Estadio Azteca– y la Línea 5 del Metro tuvo que suspender el servicio.
La estación San Lázaro se inundó por fallas en el sistema de drenaje. El estacionamiento subterráneo de la Cámara de Diputados terminó bajo el agua porque la red principal no logró desalojarla. Hubo alerta roja en tres alcaldías y naranja en cuatro más. Nada de esto es un rumor de “amargados”: son reportes de Protección Civil, con hora y ubicación exactas.
Y eso es solo lo de antier. Es la misma ciudad de las escaleras eléctricas paradas el día que la jefa de Gobierno inauguró la “modernización” del Metro, los trayectos de media hora que se hacen de cincuenta minutos en el Metro, los baches, las fallas de alumbrado, la corrupción y la inseguridad que no se van porque ganamos un partido.
Confundir el festejo momentáneo del Mundial con el estado real de una ciudad que se inunda cada vez que llueve fuerte no es optimismo: es mandar a otros que no vean.
La pregunta obligada es quién le ordena a Cravioto salir a decir que todo está bien mientras todo se inunda. O si de veras cree lo que dice. Ninguna de las dos respuestas lo favorece.
Por último, se nota que Cravioto no conoce la diferencia entre “hubo” y “hubieron”. Que alguien se la explique, si es que le interesa. El “hubieron” se le perdona. Confundir una fiesta con una ciudad funcional, no.
X: GarcíaJJavier
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