La 4T se resquebraja por dentro: tres espejos de una misma fractura

La coalición Morena-PT-PVEM llega a septiembre con una fractura que ya no se puede disimular. De cara a las 17 gubernaturas de 2027, al menos diez estados tienen la alianza “en la tablita”: Zacatecas, Guerrero, Michoacán, San Luis Potosí, Querétaro, Campeche, Chihuahua, Baja California, Nayarit y Quintana Roo. El PT acusa maltrato en el método de las encuestas: exigió “encuestas espejo” con casas de su confianza en Guerrero, Zacatecas y Michoacán y sostiene que, aun así, sus perfiles perdieron. Ariadna Montiel responde que esas mediciones espejo sí se hicieron donde se pidieron. El desencuentro real es otro: Morena definió candidatos antes que alianzas, y nombró coordinadores estatales sin la presencia petista en la mesa.

Los casos ilustran el tamaño del problema. En Zacatecas, Alberto Anaya ya destapó a Geovanna Bañuelos como candidata propia del PT, un partido que nunca ha gobernado un estado por cuenta propia y que ahora quiere estrenarse ahí. En Guerrero, la alcaldesa con licencia de Acapulco, Abelina López, desconoció a Beatriz Mojica y vaticinó la “muerte electoral” de Morena. En Michoacán, el senador con licencia Raúl Morón –aliado con Reginaldo Sandoval– amenaza con romper y no contesta las llamadas de la dirigencia frente a la designación de Carlos Torres Piña. Y en Baja California, Jaime Bonilla condicionó desde antes su respaldo a que no se eligiera a Julieta Ramírez. Cuatro estados, cuatro rupturas distintas, un mismo mensaje para la dirigencia nacional.

La respuesta oficial fue, previsiblemente, la negación. El martes 22, Manuel Velasco negó la ruptura y pidió transparentar los resultados estatales de las encuestas; Morena anunció que hará públicos los 17 sondeos. La cláusula antinepotismo de Claudia Sheinbaum ya desmarcó al Verde en San Luis Potosí, donde ese partido apuesta por Ruth González, y el PVEM condiciona su respaldo en Chihuahua a que sea Cruz Pérez Cuéllar el candidato.

La negación no impidió que la fractura se ensanchara desde otro flanco: Reginaldo Sandoval hizo un llamado directo a los morenistas que no resultaron favorecidos en los procesos internos para que busquen una candidatura a través del PT, una oferta que convierte cada derrota interna en Morena en oportunidad para su aliado y que explica, mejor que cualquier comunicado, por qué en el partido “se sienten sobrados” para competir solos.

El mismo guion, a escala no tan menor, se repite en la capital. En Cuauhtémoc, la diputada local Diana Sánchez Barrios confirmó el martes que no se baja de la contienda interna por la coordinación de los Comités de Defensa de la 4T, pese al favoritismo construido en torno a la ex senadora Citlalli Hernández. “Yo sigo adelante, no voy a decir que me bajo para que pase Citlalli o quien sea. Tenemos que esperarnos a que la encuesta decida”, dijo. Sánchez Barrios asegura que sus propias mediciones la colocan como puntera y que quienes ya declinaron por Citlalli lo hicieron desde posiciones abajo en las preferencias. Respetará la encuesta, pero no piensa declinar antes de tiempo, y reveló que ni siquiera se ha reunido con Citlalli, quien tampoco se ha destapado formalmente.

Coyoacán, la alcaldía que Morena perdió en 2021 y no pudo recuperar en 2024, concentra el mismo tipo de tensión con varios nombres sobre la mesa. Hannah de Lamadrid fue la candidata de la 4T hace dos años; perdió y, desde entonces, ha dejado ver en privado su intención de volver a intentarlo. Su historial no está exento de bemoles: en 2015, cuando compitió por la entonces jefatura delegacional de Coyoacán bajo la alianza PRI-PVEM, el Tribunal Electoral la sancionó por actos anticipados de campaña. Ahora lanzó el eslogan “La güera de Morena”, aunque habrá que recordarle que el sobrenombre lo acuñó antes Natalia Suárez del Real, delegada de Bienestar en la capital de Puebla, quien lo explicó así: “En Morena no hay güeros. Y yo decía, pues sí, porque es un partido muy inclusivo. ¿Qué tiene de malo? Y alguien me dijo, entonces usted es ‘la güera de Morena’, y yo dije, totalmente, totalmente soy ‘la güera de Morena’”. Carlos Castillo Pérez, diputado federal y ex candidato derrotado en 2021 frente a Giovani Gutiérrez, es la carta cercana a Ariadna Montiel, quien conserva presencia territorial en la demarcación. Y Ana María Lomelí entra por la ruta del favoritismo: coordinadora de Comunicación Social del gobierno de Clara Brugada desde octubre de 2024, periodista de toda la vida y conductora de radio y televisión, con licencia como diputada federal por el Distrito 8 de Coyoacán. Ahí sí ganó una elección en 2024, pero la dejó a los pocos meses para irse al gabinete; su trayectoria es mediática y gubernamental, no de organización territorial, y la versión que circula al interior de la 4T es que dejaría Comunicación tras el Segundo Informe de Brugada, el 14 de octubre, para contender.

De ese grupo, quien hoy acumula más posibilidades reales es Gerardo Villanueva. El diputado local, cercano a Martí Batres, fue quien en 2024 cedió el paso para que Hannah de Lamadrid fuera la candidata de Morena en Coyoacán. Ese gesto, que entonces se leyó como disciplina de partido, hoy funciona como capital político acumulado: en una coalición donde la lealtad se cobra o se paga, Villanueva llega a esta ronda con una deuda a su favor y con el respaldo de un grupo, el de Batres, que no ha dejado de operar en la demarcación. Habrá que reconocer, además, que Villanueva trabaja de manera constante con grupos importantes de esa alcaldía y conoce como pocos el territorio. Frente a un perfil impuesto desde el gobierno central como el de Lomelí, la pregunta que empieza a circular al interior de Morena es si no le tocaría, esta vez, a quien ya se hizo a un lado una vez.

Del otro lado del tablero está una de las máquinas territoriales mejor construidas de la oposición capitalina: Giovani Gutiérrez, reelecto con un margen que desalentó cualquier impugnación, con trabajo de calle, administración pulcra y cercanía con los vecinos. Su sucesión, cuando llegue, la va a definir también su opinión. Sea quien sea el nombre de Morena, tendrá enfrente esa estructura y no un espacio vacío.

Lo que conecta al PT nacional con Cuauhtémoc y con Coyoacán es el mismo mecanismo: la encuesta dejó de ser el árbitro que unía y se convirtió en el arma que divide. No se discute el método en abstracto, se discute quién lo levanta y quién lo interpreta. El PT exige encuestas espejo con casas de su confianza; Sánchez Barrios acepta la encuesta porque asegura que la favorece; en Coyoacán, cada aspirante construye su propio relato de fortaleza. Publicar los resultados, como prometió Morena esta semana, es un parche, no una cura.

Hay, además, un patrón que se repite en las dos plazas capitalinas: perfiles construidos desde la esfera mediática o gubernamental —Citlalli en Cuauhtémoc, Lomelí en Coyoacán— que la cúpula coloca como favoritos por encima de cabezas con trabajo territorial propio: Sánchez Barrios, Villanueva. Vencer una máquina opositora bien aceitada exige campañas de suela y no solamente de spots; una coordinación de comunicación sabe vender un mensaje, no necesariamente mover una casilla.

Con este material sobre la mesa, valen tres escenarios. El primero es el de la negociación: Morena cede candidaturas al PT y al Verde, o transparenta a fondo las encuestas, y la coalición se recompone a costa de debilitar la centralización que la hizo fuerte. El segundo es el de la ruptura parcial: el PT compite solo en Zacatecas y en un par de estados más, el PVEM hace lo propio en San Luis Potosí, y el costo se paga en territorio regalado o en voto dividido. El tercero es el de la escalada local: si en Cuauhtémoc o en Coyoacán las encuestas internas se perciben manipuladas, el precedente de Sánchez Barrios anima candidaturas rebeldes y empieza a erosionar, antes de 2030, la maquinaria que hoy parece inquebrantable.

La 4T no se resquebraja por la fuerza de la oposición, sino por su propio éxito. La hegemonía total produjo disputa total: por candidaturas, por presupuestos de poder y por el control del método con el que se reparten unas y otros. En el plano nacional, en Cuauhtémoc y en Coyoacán el guion es idéntico; solo cambia la escala.

La pregunta obligada es si Morena optará por alguno de estos tres caminos antes de que la fractura decida por ella o si seguirá administrando el conflicto con la misma fórmula de siempre: negarlo en público mientras se resuelve, a como dé lugar, al interior.

X: @GarcíaJJavier

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