Hay un estilo de gobierno que confunde la imagen con el resultado. Clara Brugada lo practica con consistencia. Su administración acumula inauguraciones, exposiciones, conciertos y eventos masivos a una velocidad impresionante. Lo que no acumula, con la misma velocidad, son soluciones a los problemas cotidianos de la ciudad.
La exposición Nopalera en el corazón –doscientas esculturas de cactáceas intervenidas por artistas en la plancha del Zócalo duró un mes. Tiene su lógica cultural, su discurso sobre identidad y memoria. Lo que no tiene es consideración por el transeúnte que durante treinta días tuvo que dar un rodeo para cruzar el centro de su propia ciudad. El espectáculo primero; la gente, después.
El episodio de este domingo lo resume mejor. Brugada inauguró la ciclovía desde el Zócalo, no desde Tlalpan, donde está la obra. La razón es evidente: el centro ofrece escenografía, Tlalpan no. Así que los ciclistas convocados para festejar la nueva infraestructura formaron con sus bicicletas la imagen monumental de una bici en la plancha del Zócalo, hicieron la rodada por los carriles convencionales en lugar de la ciclovía nueva, y al final los regresaron al centro en camiones de RTP, bicicletas incluidas.
Por cierto, en el Metro Xola hubo problemas entre ciclistas y usuarios del transporte que necesitaban abordar los autobuses que dan el servicio porque algunas estaciones de la Línea 2 están cerradas. Una jefa de Gobierno que quisiera saber si la obra funciona habría hecho el recorrido al revés: partir de Tlalpan, recorrer la ciclovía, constatar en campo. Brugada eligió el Zócalo. Hubo inauguración, hay ciclovía. Las dos, en lugares distintos.
La jefa de Gobierno también propuso un acuerdo con los medios de comunicación para que, en sus palabras, “le bajáramos a la nota roja”. Y de cara al Mundial, planteó suspender clases y aplicar home office los días de partido para mejorar la calidad del aire. Son dos variantes del mismo reflejo: cuando la realidad no coincide con la narrativa, se le pide a la realidad que se oculte.
Los problemas, sin embargo, no se ocultan. Los paros en el Metro tardaron días en resolverse. Los baches no desaparecen entre inauguración e inauguración. Y las encuestas empiezan a reflejar que los ciudadanos notan la diferencia entre el espectáculo y la gestión. De acuerdo con la encuesta de El Financiero de la semana pasada, la aprobación de Brugada registró en marzo su nivel más bajo: 61 por ciento, con una desaprobación de 37%, el punto más alto del sexenio y doce puntos arriba de donde estaba hace un año. La corrupción, las extorsiones y el manejo del crimen organizado acumulan entre 77 y 80% de evaluaciones negativas.
Gobernar es otra cosa. Es resolver, no inaugurar. Es dar respuestas, no espectáculos. Es que la ciclovía funcione, no que los ciclistas regresen en camión.
Circo y pan para el pueblo, decían los romanos. Brugada encontró la versión capitalina del siglo XXI: conciertos gratuitos, rodadas inaugurales y exposiciones en el Zócalo. Lo que no encontró, todavía, es cómo gobernar.
X: @GarciaJJavier

