Morena no puede esperar al Mundial

El tiempo no espera a quien no se mueve y Morena en la Ciudad de México lleva demasiado tiempo quieto.

En marzo pasado, durante la VII Sesión Ordinaria de su Consejo Nacional, el partido aprobó el calendario para designar a las coordinadoras y coordinadores en defensa de la transformación, las figuras que organizarán territorialmente al movimiento de cara al proceso electoral de 2027. Los registros para las coordinaciones estatales arrancan el 22 de junio. En agosto comienza el proceso para quienes aspiren a una diputación federal; en septiembre, para las alcaldías en el caso de la capital; en noviembre, para las diputaciones locales. El mapa está trazado. El problema es que quien debería estar operando el territorio parece no haberse enterado.

Héctor Díaz Polanco tiene 82 años y es el presidente estatal de Morena en la Ciudad de México. No es un asunto de edad, sino de presencia: no hay reuniones, no hay actividades, no encabeza encuentros territoriales. Algunos titulares de secretarías, como Areli Castilla en Comunicación, hacen trabajo de campo por su cuenta, pero el esfuerzo individual no sustituye a la coordinación de toda una estructura partidista. Sin conducción, cada pieza opera sola. Y una maquinaria que funciona por partes no llega entera al día de la elección.

Cuando circulan tres nombres para sustituirlo, la lectura política se impone sola. Tomás Pliego ya fue presidente estatal de Morena en la capital y hoy ocupa la Secretaría de Atención y Participación Ciudadana en el gabinete de Clara Brugada. Su gestión en esa dependencia ha sido ampliamente documentada: poca iniciativa, menos resultados, una figura que no ha encontrado la forma de conectar ni hacia adentro del gobierno ni hacia afuera, en el territorio. Regresar al partido no le devolvería lo que ya no demostró tener.

Martha Ávila es otra historia. Diputada local, operadora política con trayectoria real y cercanía probada con la jefa de gobierno, tiene sus ojos puestos en Iztapalapa. Mandarla a la presidencia estatal del partido equivaldría a sacarla de la jugada justo cuando más capital político acumula. Sería un desperdicio.

Queda Paulo Emilio García, actual vocero de la bancada morenista en el Congreso local. Se dice con facilidad que es joven, como si eso fuera un defecto, cuando en realidad es lo que el partido necesita: alguien con energía para moverse, para llegar a los territorios, para convocar. La experiencia acumulada antes de su llegada a la legislatura, sumada a lo aprendido durante lo que va de la III Legislatura, lo coloca como una figura con amplias posibilidades para encabezar la estructura. Cuenta además con el respaldo de Sebastián Ramírez, quien ya presidió la estructura estatal y conoce lo que implica conducirla. Aunque en algún momento se habló de un posible regreso de Ramírez al cargo, eso no ocurrirá.

Se comenta que el ajuste ocurrirá después del Mundial. Para entonces, junio habrá arrancado el proceso de registro para las coordinaciones estatales. Quien llegue a la presidencia de Morena CDMX sin tiempo de operar, sin margen para articular la estructura antes de que inicien los procesos, no tendrá margen para nada. El partido no puede darse el lujo de estrenar presidente justo cuando todo el mundo ya está en acción.

El cambio no es solo necesario. Es urgente. Y el nombre está sobre la mesa.