Movilidad sustentable en Tlalpan: una oportunidad mal ejecutada

Hablemos hoy de la ciclovía en Calzada de Tlalpan. Cuando se presentó este proyecto, mi corazón ciclista debe admitir que se emocionó al saber que habría infraestructura que cuidara a quienes se mueven en bicicleta en esta gran vía que cruza buena parte de la Ciudad de México. Ese sentimiento de felicidad desapareció muy pronto.

Esta obra fue presentada por la jefa de Gobierno como uno de los grandes proyectos rumbo al Mundial de 2026, en donde la CDMX será sede de la inauguración y de algunos partidos. El plan nació para conectar el Centro Histórico con el Estadio Banorte (antes Estadio Azteca), y que tanto capitalinos como turistas pudieran contar con más opciones de transporte para este evento.

La presentación de este proyecto pronto empezó a generar muchas preguntas por parte de los vecinos y muy pocas respuestas por parte del gobierno. El gobierno de la CDMX nunca presentó un análisis claro de impacto de la obra y, al iniciar su construcción sin previo aviso, generó mucho caos y congestionamiento, afectando el día a día de miles de capitalinos.

Hoy, la obra se calcula en alrededor de un 80% de avance (no hay dato del porcentaje oficial), pero si uno la recorre, se encuentra con muchos y peligrosos obstáculos. Si tomas Tlalpan un poco antes del Metro San Antonio Abad, no hay un carril confinado debido a la construcción de la calzada elevada; por ello, solo queda un carril donde transporte público, ciclistas, motociclistas y personal de obra convergen. Hay cruces altamente peligrosos, como el de Viaducto, Churubusco, División del Norte y Taxqueña, así como la intersección de Viaducto Tlalpan con Calzada de Tlalpan, entre otros. Además, no se construyeron bahías de ascenso y descenso para el transporte público, lo que obliga a las unidades a invadir la ciclovía.

De acuerdo con la pirámide de movilidad, los ciclistas son el segundo grupo prioritario después de los peatones, al ser grupos en estado de indefensión frente a los automóviles. La planeación en temas de movilidad siempre debe ver primero por estos dos grupos y crear infraestructura que los proteja y les permita recorrer la ciudad.

Considero que una obra de esta magnitud no fue planeada adecuadamente y ha dejado muchos problemas en el camino, mismos que el gobierno de la ciudad ha ido parchando sobre la marcha. Este tipo de intervenciones debe hacerse con responsabilidad y planeación. Hoy, los ciclistas quedan en estado de indefensión y, al ser una obra que parte de la ciudadanía, en especial los vecinos, rechazan, son estos quienes terminan pagando los platos rotos. Ya hay reportes de piedras bloqueando la ciclovía —lo que obliga a los ciclistas a salirse— e incluso denuncias de asaltos en algunos tramos.

Lo que se debió hacer es un carril confinado y continuo, sin interrupciones abruptas; crear una red conectada con más ciclovías, cruces seguros y una correcta redistribución del espacio, en donde todos podamos coexistir sin poner en riesgo a ningún capitalino.

Porque sí, necesitamos más ciclovías. Pero las necesitamos bien hechas. Que conecten, que protejan y que sirvan. La movilidad que requiere nuestra ciudad no se construye con prisas ni con ocurrencias, se construye con planeación, escucha y responsabilidad. Ojalá esta ciclovía no se quede como un ejemplo de lo que no se debe hacer, sino como el punto de partida para corregir el rumbo y construir una ciudad donde moverse no sea un riesgo.